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carasycaretas.org.ar · 10/13/2026 · 0 views

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Otra televisión es posible

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Mientras a mediados del siglo XX Europa transitaba la posguerra, en América Latina distintos proyectos políticos nacionales y populares ampliaron derechos y fortalecieron la soberanía mediante la industrialización y un Estado activo en todos los órdenes, especialmente a través de políticas laborales que reconocieron nuevos derechos a los trabajadores y de la construcción de tecnologías propias, soberanas. En ese contexto, los medios de comunicación se consolidaron con la expansión de la radio y la irrupción masiva de una nueva tecnología: la televisión, ampliamente desarrollada por los Estados nacionales para su difusión.

En Argentina, la primera transmisión televisiva oficial fue, paradójicamente, una de las últimas apariciones públicas de Eva Perón. En aquella transmisión se escucha al presidente Juan Domingo Perón pedir un poco de silencio porque Evita “está muy débil”. Sin embargo, en su último Día de la Lealtad, pronunció un discurso potente e inolvidable. El pasaje “yo sé que ustedes recogerán mi nombre y lo llevarán como bandera a la victoria” formó parte del primer evento televisado de la historia de nuestro país y de uno de los primeros de América Latina.

Con la irrupción de esta nueva tecnología, el sistema educativo comenzó a preguntarse cómo llevar educación a este nuevo espacio y, algunos años más tarde, cómo llevarla al aula. El argumento suponía reconocer un vínculo histórico complejo: el que se estableció entre la televisión y la educación. Si la escuela, como institución de la modernidad, prometía alfabetizar y “fabricar argentinos” desde el Estado, la televisión, en cambio, construía un imaginario social a través del entretenimiento y la cultura popular, con inversión estatal, aunque atravesada por lógicas mercantiles y transnacionales.

Ese vínculo tuvo en nuestro país distintas experiencias. La televisión educativa estuvo encarnada por diversos programas de “entretenimiento cultural” durante las décadas de 1960, 1970 y 1980: Odol pregunta , el icónico programa Telescuela Técnica y La aventura del hombre . También por la decisión de crear un canal educativo en el ámbito del Ministerio de Educación de la Nación. La iniciativa, en 1973, impulsada por Nicolás Casullo, entonces al frente del Departamento de Cultura y Comunicación de Masas del Ministerio de Educación encabezado por Jorge Taiana (padre), quedó trunca con la llegada de la dictadura tres años después.

UNA NUEVA PANTALLA EDUCATIVA

Tres décadas más tarde, el escenario era otro. En 2006, cuando se promulgó la Ley de Educación Nacional, se buscó dar cuenta de un nuevo paisaje social que, otra vez, como entonces y como hoy, estaba transformando el sistema educativo. El escenario abierto después de la crisis de 2001, junto con la llegada del gobierno de Néstor Kirchner, planteaba al Estado el desafío de recomponer una autoridad con capacidad para recoger nuevas demandas sociales. A partir de entonces comenzó a cobrar fuerza la idea de que la responsabilidad educativa también involucraba a las pantallas y a las tecnologías del siglo XXI. Pero esa transformación suponía, además, discutir el lugar del Estado y su capacidad para construir medios y tecnologías con lógica e intereses nacionales. Allí aparecía otra dimensión de la discusión: la soberanía de los contenidos.

De esa capacidad de leer las demandas de la época y de una extraordinaria imaginación política surgieron Canal Encuentro (2007), Pakapaka (2010) y, algunos años después, DeporTV (2013). El Estado asumió la responsabilidad de producir contenidos educativos, culturales y deportivos capaces de llegar a las escuelas, pero también de construir nuevas narrativas para las audiencias concebidas como sujetos de derechos. La televisión educativa, una disciplina específica, fundada en nuestro país nuevamente por un gobierno nacional y popular, propuso una discusión ética y política clave: entender que educar también implica disputar sentidos, ampliar las posibilidades de representación y garantizar el acceso a contenidos de calidad, entendiéndola como un lugar donde todos y todas nos sentimos representados.

EL DESGUACE ESTATAL

Ese proceso tuvo, sin embargo, un punto de inflexión con los gobiernos neoliberales del siglo XXI. Entre 2016 y 2019, y entre 2024 y hoy, las señales educativas fueron separadas de la órbita del Ministerio de Educación, se redujeron sus presupuestos y se debilitó la producción propia. Los despidos de trabajadores y trabajadoras, los retiros voluntarios y el desaliento a las producciones nacionales fueron y son parte de una política que modificó profundamente el lugar que estas señales habían ocupado dentro del Estado.

No se trata solamente de una discusión presupuestaria o administrativa. También se pone en juego el valor simbólico de estos medios como herramientas capaces de producir narrativas históricas, divulgar conocimientos, innovar en términos estéticos y construir nuevos sentidos frente a las lógicas del capitalismo de plataformas y de los medios más concentrados que nunca.

La creación de las señales educativas argentinas permite volver sobre una discusión vigente: cuál es el papel del Estado en la construcción de narrativas propias y qué lugar ocupan las tecnologías en la garantía del derecho a la educación y a la comunicación. Porque detrás de cada decisión sobre qué producir, qué contar y para quién hacerlo también existe una disputa por la soberanía de los contenidos. Por eso, aun en este momento de desguace, podemos decir que otra televisión es posible y que, tal como en la primera transmisión televisiva, nuestra voz, la que concibe a una patria popular y democrática, puede estar “un poco débil”, pero eso no impedirá nuestra potencia para volver a leer nuestra época y seguir construyendo nuestra historia.

La entrada Otra televisión es posible se publicó primero en Caras y Caretas .

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Source: carasycaretas.org.ar ↗
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