Pereira sé fuerte y valiente
300 FPV (fe-poder-victoria). Cuando se acerca el fin de año y sientes carga por tus temores e inseguridades, así como frustración porque no todo sale de conformidad con el plan, llega el momento en que entiendes que te debes un descanso desde hace tiempo y que requieres salir de tu día a día, para poder recargar, pensar, sensibilizarte, reconectarte y clarificar las ideas.
Este tiempo coincidió con la semana de receso escolar, la cual tomé parcialmente de receso laboral, pues cuando eres independiente y estás intentando consolidar una empresa, es imposible desconectarte por completo, he ahí la dicha del empleado, que termina su jornada y no tiene que seguir pensando en los problemas que conlleva hacer empresa en Colombia.
Aunque no es normal para muchos, pasar tiempo de descanso en una zona impactada por un terremoto, coincidió esto con el hecho de que mi esposa llevara meses diciéndome que quería volver a Filandia, Quindío, municipio que nos había gustado, luego de una entrada por salida en moto, hace varios años.
Recordando que dicho municipio estaba cerca de Pereira, entro en mí la necesidad de visitarla, pues desde mi primera vez allí, me atrapo y ahora más que nunca. En esas conversaciones de pareja, en la que nos preguntamos cual sería una ciudad en la que viviríamos, siempre estaba Pereira en los pensamientos; por bonita, por el clima, la ubicación, su gente y ahora, por un atributo que desconocíamos, la resiliencia de quienes viven allí.
Escuchar la historia de JP, mesero de un restaurante en Filandia, me recordó el valor de servir y que todos podemos hacer patria, dando buenas propinas. Señalo que el turismo ha ido decayendo en la región desde la pandemia y de qué manera eso impacto su economía y la de su familia, teniendo que vender su carro. Te llena de coraje, cuando piensas que tú y yo, sumados a los gobiernos, siempre hay algo que podemos hacer y no lo hacemos.
Llegó el día, estamos en Pereira, todo pareciera fluir con normalidad, no obstante, la destrucción, especialmente en el centro de la ciudad, impacta la vista, arruga el corazón y provoca tristeza, el recordar todas las personas que murieron y perdieron sus casas.
El ver edificios averiados, algunos caídos, casas derrumbadas, especialmente antiguas construcciones, no es lo que más me impacta.
Necesitaba este momento, no para compararme y pensar que hay otros que viven situaciones más difíciles, aunque todo el tiempo pienso en ello. Lo que me impresiona de Pereira, es que, por todas partes, ves vallas y carteles que te generan esperanza, pues sus habitantes y empresas, siendo víctimas y en medio del dolor, secaron sus lágrimas y decidieron levantarse, dar pelea por su ciudad y enseñarnos el valor de la esperanza, a través de mensajes como estos:
“Cuando una ciudad se une, la esperanza crece. Amarillo; Reconstruir el camino juntos, nos hace más fuertes. Citroën, Suzuki, GWM, Subaru, Tiggo; Hoy nuestros muros cuentan lo que pasó, mañana contaran como nos levantamos. Unicentro; En Pereira nos mueve un cálido abrazo y el empuje de nuestra gente. San Vicente; De Pereira se oye y se habla, sacó fuerza de debilidad y se hizo fuerte en batalla con Cristo; Levantarnos juntos será nuestra mayor fortaleza. Gino Pascalli; Cuando Pereira se une de corazón, nada la detiene. U Católica”.
Si pasas por adversidad, adapta este versículo, colocando tu nombre o el de tu ciudad, en la siguiente forma: “Pereira, ya te lo he ordenado: ¡sé fuerte y valiente¡¡No tengas miedo ni te desanimes ¡Porque el Señor tu Dios te acompañará dondequiera que vayas”! Josué 1:9.
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