Perú. Las bravuconadas del régimen

Por ahora, Keiko busca militarizar su gobierno. Y para “darle forma a la idea” asiste a todos los eventos castrenses, se luce con los uniformados y aparece en fotos flanqueada por soldados encapuchados con arma en ristre. Parafernalia completa, sin duda.
Gustavo Espinoza M. Periodista. Lima. 13/10/2026. En la medida que se confirma la incapacidad del régimen para enfrentar los problemas del país, crecen las bravuconadas del oficialismo. En los últimos días Keiko y algunos de sus voceros han alzado la voz descalificando a la oposición en tanto que otros han optado por guardar un púdico silencio. La diferencia es obvia: mientras unos se han sentido aludidos por criticas parlamentarias, otros han preferido silbar de costado con la esperanza que no les llueva nada. También en las filas del oficialismo hay quienes optan por el silencio. Es cuestión de conveniencia.
La agresividad se ha mostrado, sin embargo, desde el más alto nivel. Sin artificios literarios que la amparen, Keiko llamó “perros” a los Senadores de la Oposición porque Ruth Luque puso en evidencia la corrupción existente en el plano de las fuerzas policiales y el Senador Maravi se quejó porque la parlamentaria de “Ahora Nación” era indebidamente interrumpida.
No se necesita ser un escrupuloso observador de la política para darse cuenta de que el ministro Astudillo perdió los papeles cuando le dijeron que tenía miedo de enfrentar la corrupción policial. Muy valiente -valientísimo, sin duda- murmuró algunas imprecaciones contra la Senadora Luque y le exigió al congresista Maravi que “se calle la boca” cuando este protestó por la interrupción a su compañera. Lo demás fue gráfico: el corpulento Senador Giampietri metió su inmensa humanidad en el pleito y desafió procazmente a Maravi, un hombre ya cargado en años, a “salir a la calle”.
Fue el incidente mayor que ha ocurrido en lo que va de la función legislativa del flamante Senado. El hecho sirvió para que algunos recordaran al señor Giampietri la suerte de la brigada de jóvenes paracaidistas que se vio afectada por su culpa, y hasta por la desaparición de uno de ellos, hecho del cual nunca dio cuenta.
Keiko Fujimori, en el marco de su evocación canina, se “solidarizó” con el titular del Interior a quien consideró “intocable”. Recordemos -dijo- que “es un héroe”. No se refirió a la condena por enriquecerse vendiendo gasolina del Ejército, ni a procesos abiertos por otros delitos. Aludió apenas al rescate de los rehenes en 1997, sin recordar siquiera que Astudillo no ingresó a ese lugar en aquella circunstancia. No le importó. Astudillo, es su héroe.
Lo que le importa es haber creado un así llamado “Comando Unificado” para derrotar al crimen. Es claro que este “Comando…” no es sino una frase pomposa, un rótulo formal. Y nada hará para enfrentar con soldados, cañones, aviones de guerra y submarinos de la armada a los extorsionadores ni a los sicarios, que tienen un accionar mucho más efectivo y práctico. Aunque exista el “Comando”, igual seguirán muriendo transportistas, moto taxistas, pasajeros y transeúntes. Todos lo saben.
En lo dicho por Keiko hay otro elemento más peligroso: presentó una disyuntiva falsa: elegir entre la democracia y el terrorismo, Fue un modo de darle al asunto una connotación “política”. No es así, la disyuntiva que el país tiene planteada es otra, entre la ley y la delincuencia. Esa a la que el gobierno no sabe enfrentar porque está coludida con ella.
En su momento, la Presidenta fue acusada de liderar una organización criminal. Y el caso nunca fue juzgado. La presión de la clase dominante hizo que, finalmente, fuera cerrado antes de su trámite legal. Pero quedaron pendientes las acusaciones, las pruebas, los testimonios y los cargos. Nada fue materia de juicio. Para salvar el pellejo, el fujimorismo citó las leyes “pro – crimen”, que nunca quiso derogar, aunque se comprometió a “revisar”, lo que tampoco hizo. Esas leyes, objetivamente, sirven hoy a las mafias para ponerse a buen recaudo y eludir sus penas.
Como una manera de encubrir fu política sinuosa referida a la inseguridad ciudadana, el gobierno insiste en el tema de “los Penales”. Como no puede -o no quiere- capturar a los que “están afuera” , se dedica a atormentar a “los que están adentro”: les priva de luz, agua y alimentos, de visitas y de posibilidades absolutas de comunicación incluso con sus familiares más directos. El argumento es baladí: se ha “demostrado” -dice- que las llamadas previas a los delitos provienen de los penales. Muestran entonces tres o cuatro llamadas presuntamente “interferidas”, y las consideran “pruebas”. Admitamos por un momento eso como una “verdad”, pero ¿Cuántas llamadas han sido “descubiertas” para ese fin? 3, 4, 100, 500, incluso 1000, pero cuántos presos hay en los penales? 104 mil. ¿Se puede castigar bárbaramente a 104 mil personas por la acción de algunas decenas de ellas? ¿Eso puede hacerlo un gobierno que se llame “democrático”? Hoy los Penales están abarrotados. En celdas para 2 o 3, viven 7 u 8 presos, En El Milagro, de Trujillo, concebido para 1,600 presos, viven 6,000. Y ahora a Keiko no se le ocurre otra idea sino construir más cárceles. Pareciera que lo que se busca es desesperar a “los de adentro” para provocar un motín carcelario y “meter mano dura” -como se hizo antes- Habrá muertos, claro, pero ni importa: “era delincuentes”
Y es que este gobierno habrá de ser recordado no por construir escuelas, hospitales, o fábricas, sino cárceles. Y necesitará muchas más al paso que va. Por lo pronto, Keiko exige a los jueces que no liberen a nadie de los que detenga la policía, como si la policía tuviera en sus manos decidir quién es delincuente y quién no.
Objetivamente muchas personas detenidas -o incluso condenadas- o son inocentes, o no merecen las penas que recibieron. Pero muchas más serán detenidas por “sospechosas” de la comisión de delitos, Y no se les podrá liberar. Si un juez lo hace dirán que es cómplice del crimen, o a lo mejor del terrorismo, o del Movadef. Se trata entonces de imponer la ley del Fujimorato: los detenidos serán culpables mientras no logren probar su inocencia. Las liebres detrás de las escopetas.
Por ahora, Keiko busca militarizar su gobierno. Y para “darle forma a la idea” asiste a todos los eventos castrenses, se luce con los uniformados y aparece en fotos flanqueada por soldados encapuchados con arma en ristre. Parafernalia completa, sin duda.
Otro tema preocupante son los incendios forestales que afectan gran parte del territorio nacional y que son insuficientemente combatidos por el Estado bajo el argumento que “no hay recursos”, Por eso el gobierno pidió un “crédito suplementario” de 8 mil millones de soles, Lo que dijo es que 1,800 millones se irán ya USA por el pago de aviones F-16 que vendrán en tres años; pero 200 servirán para pagar a la “Prensa Grande” y otros para financiar gastos de viaje de Keiko y comitiva.
Keiko Fujimori ya viajó en busca de instrucciones y lucimiento personal, a Estados Unidos. En los próximos días viajará a El Salvador y luego a España. En Centroamérica hará turismo penitenciario. Y en Europa rememorará experiencias románticas.
No le importa saber, sin embargo, que Nagyb Bukele está sindicado como uno de los mandatarios más vinculados al narcotráfico ni que oculte tras sus gigantescas prisiones gruesos desaguisados que pronto habrán de salir a luz.
Tampoco le importa la reunión Ibero Americana que tendrá lugar en España. Su interés, es otro.
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