“Aplaudan!, ¿por qué no aplauden?»
La economía nacional comenzó a desplomarse a partir de la posesión de Abelardo De la Espriella (ADLE). El FMI, que es el órgano multilateral del Consenso de Washington al que planean pedirle prestado una suma multibillonaria a cambio de un paquetazo que implica más desempleo, anuncia que Colombia decrecerá en los dos siguientes años, y por tanto la inflación crecerá, lo que ya encarece los alimentos junto al fenómeno del “superniño” que aún no es afrontado por el Estado al igual que el terremoto (cuánto y de dónde es la plata del tal “fondo milagro” que no arranca a dos meses del sismo y que maneja la esposa de ADLE?).
El dólar trepa lo que aumenta el pago de la deuda mientras el turismo se desmorona. Volver a la economía de la guerra y a la fósil es lo que piensan hacer y para eso aumentaron el monto del presupuesto de la nación que había dejado Petro, mintiendo sobre la austeridad, así como lo hicieron impunemente con el cuento de ¨los nunca¨: el poder lo maneja la prole del peor instigador del crimen en el siglo XX, Laureano Gómez, con el clan Char de la costa caribe. Y nada de esto lo pueden tapar echándole la culpa a Petro que entregó su puesto el 7 de agosto.
La seguridad está reducida a las payasadas de un “sheriff” con pistola al cinto y “walkie talkie” a la mano, porque no cae ningún cabecilla pero regresaron los bombardeos y al parecer los falsos positivos. La tribuna de ADLE, que desagradecidamente calla ante el maltrato que éste le da a su patrocinador Uribe, aplaude por una sensación de seguridad que realmente es inexistente, pero no la población entre las que están ellos mismos, pues sufren el deterioro social.
La gente no va a aplaudir al autodenominado tigre que se los exige en su narcisismo, va a pisar las calles para reclamar.
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