La venganza de los Pulgar

Doenits Martín Mora Tendremos nuevo gobernador regional y no será ninguno de los Pulgar. Parece una noticia alentadora; sin embargo, deja de serlo cuando calculamos la dimensión de la ambición de esta familia por alcanzar el poder.
Que hayan postulado tres integrantes al mismo tiempo dice mucho de la magnitud de su angurria, sobre todo porque lo hicieron cuando Antonio Pulgar es la máxima autoridad regional. ¿Por qué no esperaron a las próximas elecciones? ¿Por qué no postuló solo quien tenía más probabilidades de ganar, Enrique Pulgar? La consigna era aprovechar la exposición del actual gobernador regional para generar expectativas y darles el espaldarazo, sobre todo, a Hadi Pulgar y Gerardo Pulgar. En otras circunstancias, estos dos últimos habrían sido cadáveres políticos. Sin embargo, ahora ostentan una condición política y social sin merecerla ni ganársela, solo por haberse expuesto bajo el reflector de otro, y la aprovecharán hasta la siguiente elección.
¿Alguno de los tres tiene posibilidades de ganar? Por supuesto que sí. Solo basta esperar una elección tras otra, agigantarse con los errores de las autoridades de turno y generar confianza en la población. Antonio Pulgar lo sabía y aún lo tiene presente. Postuló a la alcaldía de Amarilis en cuatro oportunidades. Esperó su turno por más de una década, sin contar una elección anterior que perdió. De otro modo, no habrían postulado tres integrantes de la misma familia, más aún cuando Antonio Pulgar ostenta un alto cargo en la región.
Pero, si se cree que el gobernador solo apoyó con los destellos de su popularidad, nos quedamos cortos. Por alguna extraña razón, las obras de gran impacto social se iniciaron en los meses previos a las elecciones, cuando podrían haber empezado mucho antes. Incluso se dejaron de lado otras, como la del hospital de La Unión, en Dos de Mayo, para priorizar la Alameda de la República y la laguna Viña del Río. No es el peor gobernador regional de nuestra historia, pero sí uno altamente cuestionado, aunque no lo parezca por su popularidad en redes sociales. Cuando se sacan cuentas y se evidencia que dejó gran cantidad de obras para el final de su gestión, surgen dudas sobre si tanto esfuerzo y sacrificio fue por Huánuco o, en realidad, por maximizar el efecto de su gestión en sus familiares.
Con lo que no contaba la familia Pulgar era con el trabajo sistemático y silencioso de Rosali Leandro, alias Shapra, quien, en una reciente declaración, dijo que no sentía angustia por esperar los resultados finales de las elecciones, pues lo mismo era esperar cuatro años que unos días más. En la anterior contienda electoral quedó en segundo lugar y copó alrededor del 50 % de las autoridades provinciales y distritales. Las mismas autoridades que colocó impulsaron su campaña política todo este tiempo y lo llevaron a ganar el Gobierno Regional en primera vuelta.
¿Es una victoria aplastante, satisfactoria, contundente? Ni por asomo. Como en numerosos casos en Huánuco, tuvo que insistir una y otra vez hasta generar confianza y agigantarse ante la imagen mellada de la autoridad de turno, sobre todo ante la angurria descarada de los Pulgar. Para lograr el máximo cargo regional no solo tuvo que invertir tiempo, sino también dinero. Y aquí cabe sembrar desconfianza sobre el dinero invertido en campaña. Para nadie es noticia nueva que a Rosali Leandro lo apoyó el gremio de ingenieros civiles; más propiamente, el Colegio de Ingenieros del Perú sede Huánuco. Por ello surgen dudas sobre los favores empeñados y las promesas adelantadas.
Esto no nos augura un futuro promisorio. Lo que nos espera es que la pugna de los Pulgar por alcanzar un alto cargo —la del propio Antonio Pulgar cuando deje el Gobierno Regional— genere enfrentamientos legales y políticos con las actuales autoridades, y que en cualquier momento se destape un nido de grillos. Más que por venganza contra un adversario, en esta ocasión será para pisotearlo y desprestigiarlo con miras a las siguientes elecciones. El mismo Antonio Pulgar lo hizo para escalar en el estrato político. Ahora no está solo, sino acompañado por su hermano y sus dos hijos.
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