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Juventud Rebelde · 10/11/2026 · 0 views

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Y la perfección llegó a su fin

El Westfalenstadion es un ser vivo. Respira, ruge, se estremece y, a veces, también se queda sin aire. Este viernes lo comprobó en su propia piel. Durante 85 minutos, el estadio más imponente de Alemania acarició la quinta victoria consecutiva de su equipo en la Bundesliga. Durante 85 minutos, la perfección fue posible. Y entonces, en apenas siete minutos de caos, todo se derrumbó. El Dortmund había dominado sin brillo pero con autoridad. El Werder Bremen, bien plantado por Daniel Thioune, aguantó el chaparrón con una defensa ordenada y un portero, Karl Hein, que firmó la actuación de su vida: siete paradas, algunas de reflejos imposibles, para mantener a los suyos con vida. Ethan Nwaneri se estrelló una y otra vez contra el muro estonio. El gol parecía una cuestión de tiempo, pero el tiempo, en Dortmund, a veces juega malas pasadas. La explosión llegó tarde. En el minuto 80, Daniel Svensson empujó a la red un balón trabajado por Fabio Silva y Serhou Guirassy. Cinco minutos después, Nico Schlotterbeck cabeceó un córner de Veerman y el Westfalenstadion se entregó al éxtasis. Dos goles en cinco minutos. Los cánticos de «¡Líderes!» retumbaban en las gradas. El quinto triunfo consecutivo, el pleno de 15 puntos, la perfección. Todo estaba servido. Pero el fútbol no entiende de guiones cerrados. Ludovit Reis recortó distancias en el 88 con un disparo desde el borde del área tras un error en la salida del Dortmund. El gol fue un aviso, pero nadie quiso escucharlo. Y en el 90+2, Marco Grüll puso un centro medido al área y allí apareció Niclas Füllkrug, el hombre que el Westfalenstadion coreó durante años, para cabecear a la red y firmar el empate. El estadio enmudeció. Füllkrug no celebró. No hacía falta. El silencio lo decía todo. El Dortmund se queda con 13 puntos, sigue líder, pero la distancia se ha reducido. La perfección ha llegado a su fin. Y lo ha hecho de la manera más cruel posible: con un exjugador como verdugo y con el tiempo añadido como juez. Niko Kovač lo había advertido en la previa: «No se puede vivir de la perfección eterna». Ahora, sus jugadores lo saben. El Westfalenstadion sigue respirando. Pero esta noche, al menos esta noche, respira con un nudo en la garganta.

Source: Juventud Rebelde ↗
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